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sábado, 15 de julio de 2017

Up in the air

Ryan Bingham (George Clooney) es un hombre que ha volado 323 días y sólo ha estado 42 días en su hogar. Es un hombre que vive en casi permanente tránsito. Vive arriba en el aire, como indica el título, 'Up in the air' (2009), de Jason Reitman. Su relación con la realidad, con los demás, se define por lo efímero y lo provisional. No busca vínculos firmes, sino la evanescente variedad. No necesita raíces, por eso perdió contacto con la familia, como quien se interna en el espacio exterior. De hecho, se rodó una escena onírica, en el último tramo, en la que Bingham sueña que se desplaza por la cinta corredera de un aeropuerto, en un taxi y en la calle, hasta ascender hacia las alturas en paralelo a un edificio acristalado. Ryan ha hecho de su vida un edificio acristalado. Se despidió de los vínculos de la realidad, como si los demás fueran figuras borrosas que se pueden reemplazar sin que varíe el tipo de relación con cualquiera de ellos. Por eso, no le resulta difícil ser aquel que notifique a empleados de múltiples empresas, a lo largo del país, que han sido despedidos. Para él no deja de ser siempre el mismo, como lo es para cualquier dirección empresarial. Por eso, sabe encajar la desolación del hombre que ha sufrido una conmoción porque su vida se ha fracturado y se ha desplomado la estabilidad que daba por segura desde hace muchos años que sería permanente. Personas que viven a ras de tierra y se precipitan en el vacío cuando les notifican que su vida ahora carece de cimientos y que deberá esforzarse por intentar rehacer su realidad que ahora se ha abocado a los márgenes donde habrá que realizar esfuerzos por sobrevivir en la precariedad e incertidumbre.
Ryan no pierde la sonrisa, que no se descascarilla porque sus vínculos son pasajeros, como los de cualquier compañero de vuelo con el que probablemente no volverá a coincidir . Ryan encaja bien la conmoción de los demás,cómo se derrumban, en la distancia corta porque sabe mantener la distancia con respecto a la realidad y los demás. Su vida es como un desplegable que se puede plegar y constreñir en un pequeño espacio como una mochila o maleta pequeña (Reitman planifica su trámite de cacheo y control en el aeropuerto con una coreografía de montaje de planos breves). Por eso, imparte conferencias sobre cómo reducir lo que necesitas portar contigo en los viajes y desplazamientos. Se reduce a casi nada porque no necesitas trasladar tu hogar, porque tampoco es necesario sentir el hogar en tus desplazamientos sino la más estricta y escueta funcionalidad. Eres una entidad que se desplaza y realiza unas mínimas funciones, y ya serás habilitado por cada intercambiable hotel en el que te alojes. No eres esos objetos, los utilizas simplemente. No hay singularidad, eres una función que se podría intercambiar con otros parecidos que realizan esas tareas en el escenario financiero y corporativo, que implican distancia. Para ejecutar, hay que saber distanciarse, interponer y ser distancia.
Ha interpuesto distancia, como Amelie, en la excepcional obra de Jean Pierre Jeunet. Una se distancia de sí misma ayudando a los demás. Otro se distancia de sí mismo, ejecutando a los demás con la notificación de su despido. Les abandona a la deriva, en la intemperie, sin torcer el gesto. En la película de Jeunet, Amelie encarga a una amiga azafata que realice unas fotos de un duende de jardín en cada ciudad que arribe, para enviárselas a su padre, para que de ese modo, por pura perplejidad, recupere el estímulo de salir al mundo exterior, de volver a relacionarse con los demás, en vez de permanecer encerrado en sí mismo, enclaustrado en su hogar, desde que enviudó. En la obra de Reitman, le encargan a Ryan que haga una foto de una imagen de su hermana menor, Julie (Melanie Lynskey), con Jim (Danny McBride), el hombre con el que se va casar, en cada ciudad que visite. La razón es que, por falta de dinero, no se pueden permitir un viaje de luna de miel. Ese simulacro es un intento lúdico y celebrativo de hacerse esa ilusión: son como la antimateria de Ryan. Viven una realidad reducida y limitada. Su ilusión se propulsa con el amor compartido. Aunque también Jim sufrirá el pasajero pánico de imaginar una vida de cinta corredera que parece una rampa de lanzamiento, sin variaciones ni desvíos, hacia la muerte. Como si su vida, tras casarse, fuera a ser un mismo día para siempre. Ryan vive en el engaño de que, al carecer de referente de residencia, se desplaza en un no tiempo, como si viviera aparte, sin que le erosionara ni afectara lo que a otros condiciona. Simplemente acumula millas de viaje en avión, como si la meta simplemente fuera alcanzar un número. El horizonte de su vida es la consecución de una marca.
Pero Ryan establecerá dos relaciones que harán tambalear su vida. En primer lugar, con una compañera de trabajo que enfatiza con su ocurrencia la distancia de la condición virtual de la acción del despido; la ajenidad con respecto al destino del otro: la obra transcurre en los años de la crisis que derivó en el colapso financiero del 2008 (la novela adaptada se publicó en el 2001): por eso una empresa que enfoca su dedicación a los despidos dispone de más probabilidades de beneficios: todas las empresas parecen despedir en masa. Natalie plantea en su empresa que los despidos, para abaratar costos, se realicen a través de una pantalla de ordenador. Ryan se resiste, pero no por una cuestión ética, sino porque desbarata su vida de lujo en los márgenes mullidos del permanente tránsito como unas vacaciones permanentes (sin ninguna sensación de exilio interior, ni de extrañeza, como los personajes jarmuschianos).
La ocurrencia de su superior, Craig (Jason Bateman), es que inicie a Natalie en la experiencia real de efectuar el despido sin interponer distancia. Para Natalie derivará en un proceso de conmoción (en especial porque no encaja las consecuencias fatales que pueden derivar de su ejecución: el suicidio de una mujer que ya le comunicó la posibilidad de que lo haría). Su aprendizaje no dejará de dejar su poso en Ryan, en especial su cuestionamiento de su falta de necesidad de vínculo o relación íntima duradera (cuestionamiento agudizado por el hecho de que el novio de Natalie le haya notificado, mediante la cómoda y funcional distancia de un sms, que rompe la relación): Natalie se encuentra en la circunstancia de riesgo de convertirse en alguien como Ryan, pero se resiste a diluirse en esa levedad gaseosa de quien parece flotar en la vida como un astronauta que no desea regresar a la Tierra.
Por eso, Natalie será acerada en su cuestionamiento sobre el enfoque de Ryan sobre su relación con Alex (Vera Farmiga), otra agente financiera que ha establecido como patrón en su vida lo transitorio y lo provisional. Uno y otro parecen coincidir en que su relación no necesita de cimientos de compromiso y convivencia. Sus encuentros son pasajeros. Pero el sentimiento va minando las defensas de las presunciones y los modelos preestablecidos de Ryan. No tiene que ser una fuga de relación, como su vida, al fin y al cabo, es una vida en fuga. Por eso, será capaz de aconsejar a Jim para que supere su pánico: le dirá que siempre será mejor afrontar ese futuro que asemeja a un mero trámite previo a la muerte, acompañado que solo. Pero para Alex sí lo es. Sí es una fuga su relación. Por eso, la conmoción de Ryan cuando descubra que ella tiene ya solidificada una relación estable, una familia. Una vida completamente separada de su vida de tránsitos y desplazamientos y fugas. Con Ryan se fugaba de su vida ordinaria, como un sueño recreativo, como un disfrute vacacional. Natalie afronta que no puede hacer de la distancia estructura de vida. No puede permanecer ajena a lo que afecte a otros, a las consecuencias de sus propios actos (cuando esta dictadura económica se define por esa inconsecuencia). Por eso, abandona un escenario en el que no quiere ser una función que meramente ejecute. Ryan se ve abocado a su vida de tránsitos y desplazamientos, pero ya con una fisura de pesadumbre que le hace sentir que es él quien ha salido despedido al espacio exterior. En su mirada de desamparo ante los intercambiables números y nombres de los diversos vuelos vibra, como una herida, la sensación de que ya sólo se desplazará a la deriva. Rolfe Kent compuso una excelente banda sonora

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